Que la noche sea el consuelo;
el placebo para mi realidad
que sea testiga del mismo suelo
en donde yo descansaré en la eternidad.
Que la noche sea testiga
de tan patética falsedad
en donde tu boca mendiga
por los valles de mi mente, lujuria y sobriedad.
Que la noche sea el sabor
de las gotas amargas y saladas
en donde te guardo, ausente,
en el interior.
Que la noche sea la que dicte mi destino
qye se recoja y prepare el terreno
en donde yo gélido camino:
alucinando y extasiado debo tomar tu veneno.
Que la noche es fría
como el hielo en mi boca
insipida mi alma de mi se ría
al ver la desintegración de tu falta
que en mi provoca.
Pero quien dice que solo la noche existe?
Si el día igual, maquillado está
de cosas, de objetos, de gente,
de canicas y juguetes, de luz artificial.
Solo tu noche, siempre igual,
con tu verdadera luz, pintas y compones
paisajes de aspecto sideral,
de heridas purulentas,
de sangre y pus.
Y al final me quedas tú,
novia fría...
Ojalá algún día me salga de
tu lienzo
para caminar feliz en tu
firme y esperanzador paspartou...
miércoles, 24 de enero de 2007
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